Tuesday, June 21, 2005

UNA MARIPOSA BLANCA



Erase una mariposa blanca,
Que era la reina de todas las mariposas.

Y vivía feliz en su reino de flores y colores.
Su vida era corta, pero su reino era eterno.
Desde siempre había existido, y siempre habría otra mariposa que fuera:
La REINA de todas las mariposas.

Su reino no tenía límites, alcanzaba allá hasta donde ella pudiera volar. No había fronteras que lo cercaran. En realidad no era un reino solitario... pues era al mismo tiempo, el reino de todos los animales del Valle. Allí estaba también el reino de los animales de la Montaña, y el cielo que formaba el reino de las águilas y de todos los voladores. Era al mismo tiempo el reino de todas las “gentes” que vivían en el Valle de los Reinos.

Cercano a todos estaba el río. Pequeño y de aguas escasas en los meses de verano. En sus pozos sesteaban las truchas. Casi nada las inquietaba, ágiles y saltarinas, eran las reinas de las corrientes y saltos. A veces tenían que correr, especialmente cuando las nutrías salían de pesca... siempre estaban hambrientas, y no desaparecían hasta haber llenado la barriga. Pero era lo natural, siempre había sido así.

¡Hola, Blanca! ¿Adónde vas?
Al río, tengo que ver a Rana.
Y continuó su vuelo solitario.

Blanca, así se llamaba la Reina. Cada día, Blanca recorría el Valle en sus continuos vuelos. Unas veces solitaria y en otras, pocas, acompañada por el batir de alas de otras mariposas. Era bonita, muy bonita... y los rayos del Sol reflejaban el blanco puro de sus alas. Por eso era la Reina, era blanca, del color puro de la nieve. También era liviana y de alas frágiles, pero capaces de llevarla en su vuelo hasta sentir el frío azul de los cielos más cristalinos. No tenía Corte nuestra Reina... ni palacios en los que dormir. No hay palacios en el Valle de los Reinos. No hay necesidad de ellos, no hay albañiles en el reino de las mariposas.